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La importancia del desayuno en tu día a día

La importancia del desayuno en tu día a día

23 de January, 2026

Hay mañanas que empiezan con prisas y, cuando el tiempo aprieta, el desayuno suele ser la primera “pieza” que se improvisa: un café rápido, algo dulce o, directamente, nada. El problema de saltárselo no es solo quedarse sin comer, sino perder la oportunidad de darle al cuerpo todo lo que necesita tras el ayuno nocturno. Un desayuno completo “despierta” el organismo, proporcionándole la energía inicial que le hace falta tras horas sin comer. Además, aporta micronutrientes clave (vitaminas y minerales) que, si no se ingieren por la mañana, habrá que intentar incluirlos posteriormente. En resumen, desayunar bien puede traducirse en una energía más estable, mejor concentración y una alimentación más ordenada a lo largo de la jornada.

¿Por qué el desayuno puede marcar la diferencia?

Después de varias horas sin alimentarnos, romper el ayuno con una comida balanceada y cargada de nutrientes (en vez de únicamente azúcares) puede marcar una gran diferencia en cómo te sientes y rindes. Un desayuno de baja carga glucémica –es decir, rico en alimentos integrales y fibra, y bajo en azúcares refinados– aporta energía de forma más gradual, evitando subidas y bajadas bruscas de glucosa en sangre. Esto se traduce en niveles de energía más constantes durante la mañana y menos “antojos” de dulce antes de la siguiente comida. Por el contrario, saltarse el desayuno o comer solo algo dulce suele provocar picos de glucosa sanguínea seguidos de caídas que generan fatiga y más hambre.

Las investigaciones también señalan que desayunar tiene efectos positivos sobre el rendimiento mental. Ir a trabajar o estudiar con el estómago vacío puede perjudicar la concentración, mientras que tomar un desayuno equilibrado mejora la atención, la memoria y la claridad mental a corto plazo. De hecho, numerosos estudios muestran que quienes desayunan habitualmente tienden a presentar mejor rendimiento intelectual frente a quienes se saltan esta comida. Aunque se sigue investigando en este tema, está demostrado que empezar el día con un aporte adecuado de nutrientes, ayuda a estar más alerta y rendir mejor.

En conjunto, desayunar de forma saludable conlleva múltiples beneficios respaldados por la evidencia:

  • Energía estable: un desayuno equilibrado mantiene el nivel de energía durante toda la mañana y evita bajones repentinos. Esto ayuda a encontrarte activo de manera continua, sin sentir pesadez, ni somnolencia.
  • Mejor concentración: alimentar al cerebro temprano se asocia con mayor claridad mental, mejor concentración e incluso mejor rendimiento y memoria, especialmente en niños y adolescentes. Empezar el día con nutrientes esenciales “despierta al cerebro” y facilita las tareas cognitivas.
  • Control del apetito: un buen desayuno ayuda a regular las hormonas del hambre. Te mantiene saciado durante más tiempo, por lo que es menos probable caer en antojos o picoteos poco saludables a media mañana. En otras palabras, previene esa sensación de ansiedad por comer cualquier cosa antes de la comida.
  • Peso y metabolismo: desayunar regularmente se ha vinculado a un menor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. En parte, gracias a que desayunos ricos en proteína y fibra aumentan la saciedad, evitando ingestas excesivas más adelante. Saltarse el desayuno, por el contrario, se asocia con un peor balance energético y una mayor probabilidad de elegir comidas con peor calidad nutricional el resto del día.
  • Glucemia: un desayuno de calidad contribuye a mantener estables los niveles de glucosa en sangre desde temprano. De hecho, varias evidencias relacionan el hábito de desayunar con menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y otros problemas cardiometabólicos.
  • Nutrientes esenciales: la primera comida del día es clave para suministrar al organismo ciertos nutrientes. Quienes desayunan suelen tener una ingesta más alta de vitaminas y de minerales (por ejemplo, calcio, hierro o vitaminas del grupo B) y, en general, una alimentación de mejor calidad. Por el contrario, aquellos nutrientes que no se consuman con el desayuno, deberán intentarse incluir en ingestas posteriores.

Como vemos, lejos de ser prescindible, el desayuno puede potenciar tu salud en múltiples frentes –desde darte energía y concentración, hasta ayudar a mantener un peso saludable y nutrir tu organismo.– Es importante destacar que no se trata de comer cualquier cosa por la mañana, sino de hacerlo de forma balanceada. A continuación, veremos cómo debe ser un buen desayuno.

¿Qué tiene un buen desayuno?

Un desayuno equilibrado suele incluir y combinar tres pilares clave:

  • Proteínas: aportan saciedad y contribuyen al mantenimiento de la masa muscular. Incluir proteína en el desayuno evita que sientas hambre al poco rato. En la práctica, algunas fuentes proteicas matutinas pueden ser: huevo (revuelto, cocido o en tortilla), lácteos como yogur natural o queso fresco, fiambres magros (pavo o jamón cocido extra) o alternativas vegetales como tofu o hummus. Incluso un batido proteico (por ejemplo, con leche o yogur natural y frutos secos) puede ser una buena opción rápida.
  • Carbohidratos de calidad: son la principal fuente de energía para el organismo. La idea es escoger carbohidratos complejos o integrales, ricos en fibra, que liberen la glucosa a sangre de forma lenta y continua. Por ejemplo: pan integral o de cereales, avena, cereales sin azúcares añadidos y frutas enteras. Estos alimentos evitan picos bruscos de azúcar en sangre y ofrecen energía más constante que los panes o cereales refinados.
  • Grasas saludables y fibra: las grasas saludables (presentes en alimentos como el aguacate, el aceite de oliva, los frutos secos o las semillas) son esenciales para la salud cerebral, la producción de hormonas y la absorción de vitaminas. Además, aportan saciedad y sabor. Por su parte, la fibra (que aportan las frutas, verduras enteras, legumbres, frutos secos y cereales integrales) es importante para la digestión y el metabolismo. Una buena cantidad de fibra en el desayuno ayuda a mantener estable la glucosa en sangre y el colesterol, mejora el tránsito intestinal y sirve de alimento a las bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal. En resumen, incluir una correcta fuente de grasa (como unas almendras naturales, semillas o un chorrito de aceite de oliva) y fibra vegetal en el desayuno ayuda a completar el perfil nutritivo ideal.

En cuanto a bebidas, el desayuno puede acompañarse con agua, café o té según la preferencia, evitando añadirles azúcar. Si tomas lácteos o bebidas vegetales, procura que sean sin azúcares añadidos para no convertir un desayuno saludable en uno de elevada carga glucémica. Recuerda que un desayuno equilibrado no tiene por qué ser pesado; es más bien cuestión de la calidad de los alimentos que lo componen. De hecho, los expertos sugieren que esta comida aporte alrededor del 20-25% de los requerimientos calóricos diarios en una dieta equilibrada, priorizando siempre la variedad de alimentos frescos frente a los ultraprocesados cargados de azúcares o grasas de mala calidad.

Recuerda: un desayuno saludable, aporta beneficios sobre tu energía, concentración y metabolismo que se notarán durante el resto del día. ¡Vale la pena dedicarle esos minutos cada mañana!


Fuentes

  • Un Vaso de Ciencia (Instituto Puleva) — La importancia del desayuno: ¿influye en nuestra salud?
  • Infobae (Nutrición) — El desayuno perfecto según la ciencia: una guía basada en la evidencia.
  • Hospitalaria (SciELO) — Artículo en SciELO
  • Atlantic Health — El poder de un desayuno equilibrado.
  • Método 42 — Cómo reducir el índice glucémico en el desayuno para una energía prolongada.

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